- El FBI alerta de apps móviles, especialmente extranjeras, que recogen datos en exceso y pueden facilitar espionaje y robo de información.
- Preocupan las aplicaciones que acceden a contactos, ubicación y actividad en segundo plano, almacenando datos en servidores de terceros países.
- Android e iOS son vulnerables si el usuario instala apps sin revisar permisos, origen del desarrollador y política de privacidad.
- Usar solo tiendas oficiales, limitar permisos y vigilar consumo de batería y datos reduce significativamente los riesgos.
En los últimos meses, el FBI ha levantado la voz de forma inusualmente clara sobre algo que todos hacemos casi sin pensar: instalar y usar aplicaciones en el móvil. Da igual que tengas un iPhone o un Android, el mensaje es el mismo: hay apps que, pese a parecer inofensivas o muy populares, pueden convertirse en una puerta abierta al espionaje y al robo de datos personales.
La agencia estadounidense no se ha limitado a hablar de virus clásicos o malware cutre, sino que pone el foco en aplicaciones aparentemente legítimas que recopilan más información de la necesaria, que se quedan funcionando en segundo plano sin que te enteres y que, en determinados casos, podrían estar obligadas por ley a compartir tus datos con gobiernos extranjeros. Vamos, que el problema ya no es solo qué app instalas, sino qué hace realmente con todo lo que sabe de ti y cómo proteger tu privacidad en internet.
Qué ha dicho exactamente el FBI sobre las aplicaciones móviles
El aviso más reciente llega en forma de Anuncio de Servicio Público (PSA) difundido a través del IC3, el Internet Crime Complaint Center del propio FBI. En este comunicado, la agencia subraya que está investigando activamente casos en los que aplicaciones móviles han sido utilizadas para espionaje digital, filtración de datos y explotación de vulnerabilidades tanto en Android como en iOS.
El mensaje es claro: la popularidad de una app no garantiza su seguridad. Que millones de personas usen una aplicación a diario no significa que tus datos estén protegidos ni que el desarrollo cumpla con los estándares de privacidad que tú crees. De hecho, el FBI remarca que el mayor problema está en un sistema de intercambio de datos opaco, donde la información personal viaja y se almacena en lugares que el usuario desconoce por completo.
Además, el organismo recalca que su preocupación no se limita a amenazas de malware tradicional. El foco está en aplicaciones aparentemente normales que se comportan como herramientas de vigilancia, recopilando ubicación en tiempo real, contactos, mensajes, historial de navegación y patrones de uso del dispositivo sin una justificación clara y, en ocasiones, sin el consentimiento informado del usuario.
Otro aspecto que menciona el FBI es el crecimiento sostenido de incidentes reportados al IC3 en los que datos sensibles acaban expuestos sin que el afectado sea plenamente consciente. Muchas víctimas no llegan a saber qué app fue el origen del problema, porque la recolección de datos y el envío a servidores remotos se hace de forma silenciosa. Esto eleva la importancia de la privacidad digital y las prácticas seguras al usar el móvil.
Por qué preocupan tanto las apps desarrolladas en el extranjero

Una parte importante del aviso del FBI se centra en aplicaciones desarrolladas fuera de Estados Unidos, con especial énfasis en aquellas cuyo desarrollo e infraestructura digital se encuentran en China. La agencia advierte de que estos servicios están sometidos a leyes de seguridad nacional que pueden obligar a las empresas tecnológicas a colaborar con los servicios de inteligencia de su país.
En el caso chino, se menciona la Ley de Inteligencia Nacional, que establece que todas las organizaciones y ciudadanos deben “apoyar, ayudar y cooperar” con los esfuerzos de inteligencia. Esto significa que, llegado el momento, una compañía que recopila ingentes cantidades de datos de usuarios de todo el mundo podría verse obligada a entregar esa información a las autoridades chinas, sin que el usuario tenga capacidad real de oponerse o siquiera enterarse.
En este contexto, el FBI hace referencia a aplicaciones muy populares de origen chino como TikTok, TikTok Lite, WeChat, CapCut, Lemon8, Temu o SHEIN, citadas por medios especializados como New York Post o TechRadar. La agencia no publica una lista oficial de apps “prohibidas”, pero sí indica que está investigando riesgos de privacidad, espionaje digital y posible presencia de malware en software de este tipo.
Más allá de nombres concretos, lo que se resalta es el patrón: apps gratuitas, muy extendidas y con un modelo de negocio fuertemente basado en datos, que pueden almacenar información en servidores ubicados en jurisdicciones con legislaciones muy permisivas en cuanto al acceso gubernamental.
El FBI también menciona la existencia de empresas pantalla o estructuras societarias complejas que dificultan saber quién está realmente detrás de una aplicación. Una app puede parecer occidental, pero tener matrices, subsidiarias o centros de datos en países donde la protección de datos es más laxa o donde el control estatal es más agresivo.
Tipos de aplicaciones y categorías que el FBI mira con lupa

La advertencia del FBI no se limita a una app concreta, sino a familias enteras de aplicaciones que comparten comportamientos de riesgo. Algunas de las más vigiladas son:
1. Redes sociales y plataformas de vídeo de origen extranjero: Servicios como TikTok o aplicaciones de mensajería como WeChat pueden recopilar enormes volúmenes de datos: lista de contactos, ubicación, contenido que ves, tiempo que pasas en cada sección, identificadores únicos del dispositivo, etc. La preocupación no es solo la publicidad personalizada, sino el posible uso de esa información para perfiles de vigilancia a gran escala. Si utilizas redes sociales, sigue consejos de seguridad para teléfonos para minimizar riesgos.
2. Apps que incentivan invitar a contactos: El FBI pone especial énfasis en aquellas aplicaciones que ofrecen recompensas, ventajas o funcionalidades extra a cambio de que invites a tus amigos o accedas a tu agenda. Con los permisos por defecto, los desarrolladores pueden almacenar la información privada almacenada en tu libreta de direcciones: nombres, números de teléfono, correos electrónicos, IDs de usuario y direcciones físicas de todos tus contactos.
3. VPN gratuitas de origen dudoso: Muchas prometen anonimato y seguridad, pero algunas terminan siendo justo lo contrario. El FBI advierte que hay que registran el tráfico completo de navegación, lo venden a terceros o lo envían a servidores remotos, convirtiéndose en el sueño de cualquier actor que quiera espiar comunicaciones.
4. Teclados virtuales de terceros: Los teclados que instalas para tener más emojis, temas o funciones avanzadas pueden, en la práctica, ver todo lo que escribes. Si no están desarrollados por empresas fiables o no tienen políticas de privacidad claras, podrían registrar contraseñas, mensajes privados, datos bancarios o cualquier otro texto que introduzcas en el dispositivo.
5. Gestores de archivos y apps de limpieza: Este tipo de herramientas suelen pedir acceso total al almacenamiento interno del móvil. El FBI avisa de que algunos gestores de archivos y aplicaciones de “limpieza”, “optimización” o “linterna” solicitan permisos claramente excesivos para lo que hacen, abriendo la puerta a revisar, copiar o subir a la nube tus documentos, fotos y vídeos.
6. Aplicaciones instaladas mediante APK o desde tiendas no oficiales: En Android, el riesgo se multiplica al descargar apps desde páginas web aleatorias o repositorios no oficiales. El FBI señala que las tiendas oficiales escanean en busca de malware, reduciendo la probabilidad de código malicioso, mientras que las descargas directas de APK facilitan la instalación de software manipulado con puertas traseras o módulos espía difíciles de detectar.
El efecto red de los permisos: tus contactos también están en juego
Uno de los conceptos que más subraya el FBI es el llamado “efecto red” de los permisos. Cuando aceptas que una app acceda a tu agenda de contactos, no solo estás regalando tus propios datos, sino también los de todas las personas que tienes guardadas en el teléfono, aunque ellas jamás hayan instalado esa aplicación.
Esto genera una situación especialmente delicada: alguien puede tener tu nombre, correo y número de teléfono en una base de datos simplemente porque otro usuario, quizás un amigo o un compañero de trabajo, decidió permitir el acceso a su libreta de direcciones sin pensárselo demasiado.
El FBI también avisa de que muchas de estas apps no dejan de recolectar información cuando las cierras. Siguen funcionando en segundo plano, rastreando ubicaciones, horarios, conexiones de red o interacciones con otras aplicaciones, y enviando todos esos datos a sus servidores sin que tú veas ninguna actividad extraña en pantalla.
Cuando esa información termina alojada en servidores de terceros países, bajo legislaciones que permiten a las autoridades acceder libremente a esos datos, el problema deja de ser solo de privacidad para convertirse en un riesgo potencial de seguridad nacional, sobre todo en el caso de periodistas, empleados de grandes empresas, políticos o funcionarios públicos.
La realidad es que el usuario medio rara vez lee lo que acepta al instalar una app. El FBI insiste en que ceder acceso a contactos, cámara, micrófono o ubicación no debería ser un trámite automático, sino una decisión consciente, porque en muchos casos esos permisos son permanentes y muy difíciles de revertir por completo.
Qué tipo de datos pueden llegar a recopilar estas apps
Según el FBI, el problema no está solo en la cantidad, sino en la sensibilidad de la información que muchas aplicaciones son capaces de capturar. Entre los datos más delicados que pueden quedar expuestos están:
- Ubicación en tiempo real: historial de posiciones, rutas diarias, lugares que visitas con frecuencia.
- Agenda de contactos: nombres completos, teléfonos, correos electrónicos, direcciones físicas e IDs de usuario de tus amigos y familiares.
- Mensajes y comunicaciones: contenido de chats, metadatos de llamadas, horarios de conexión.
- Historial de navegación: páginas visitadas, términos de búsqueda, clics y comportamiento online.
- Patrones de uso del dispositivo: qué apps abres, cuánto tiempo pasas en cada una, con qué frecuencia consultas el móvil.
- Datos financieros y credenciales: en casos más graves, detalles bancarios, contraseñas o códigos de verificación si el malware logra capturar texto introducido o pantallas.
En escenarios más sofisticados, el FBI advierte de que ciertas apps pueden descargar e instalar código adicional sin que el usuario lo autorice de forma explícita. Esto abre la puerta a que, tras una actualización o un cambio en la versión, la app se convierta en un vehículo para introducir nuevos módulos de espionaje o ransomware.
También se menciona la presencia de código malicioso difícil de eliminar, diseñado para aprovechar vulnerabilidades conocidas en los sistemas operativos y mantenerse oculto el mayor tiempo posible. Estas piezas de malware pueden insertar “puertas traseras” con privilegios elevados, lo que permite a atacantes acceder a otras partes del sistema y a datos que inicialmente no estaban al alcance de la app original.
La combinación de permisos amplios, almacenamiento en la nube bajo legislaciones poco transparentes y la capacidad de ejecutar código remoto crea el escenario perfecto para campañas de espionaje digital a gran escala, donde millones de móviles actúan como sensores dispersos por todo el mundo.
Señales de que algo no va bien en tu móvil
El FBI detalla una serie de indicios que podrían sugerir que tu teléfono está siendo vigilado o utilizado de forma indebida por alguna aplicación:
- Consumo de batería anormal: si la batería se agota mucho más rápido de lo habitual sin que cambies tu uso, puede que haya procesos en segundo plano enviando datos constantemente.
- Uso excesivo de datos móviles: un pico en el consumo de datos sin explicación aparente es otra pista clara de que algo está transmitiendo información en segundo plano.
- Comportamiento errático: apps que se abren o cierran solas, fallos extraños, reinicios inesperados o lentitud extrema del sistema pueden ser signos de software malicioso.
- Sobrecalentamiento del dispositivo: un móvil que se calienta cuando está en reposo o solo con tareas ligeras indica que algún proceso pesado se está ejecutando sin tu conocimiento.
- Movimientos sospechosos en cuentas: accesos no reconocidos a correo, redes sociales o banca online, cambios de contraseña o notificaciones de inicio de sesión desde ubicaciones raras son señales de alarma claras.
Aunque estos síntomas no prueban por sí solos que tu móvil esté infectado, el FBI recomienda que si aparecen varios a la vez, revises cuidadosamente las apps instaladas, desinstales las que no uses o no reconozcas y consideres usar herramientas de seguridad de confianza.
Recomendaciones del FBI antes de instalar una aplicación
Para reducir riesgos, el FBI propone prestar atención a una serie de factores clave antes de pulsar el botón de “instalar”. La idea es que no descargues apps en modo automático, sino que te detengas unos segundos a evaluar lo que vas a meter en tu móvil.
El primer punto es el origen del desarrollador. Si el creador de la app no es transparente, no tiene web oficial, o se encuentra en países con regulaciones laxas en protección de datos y fuertes leyes de inteligencia, conviene desconfiar. Un vistazo rápido al nombre de la empresa, su historial y su presencia online puede ahorrarte muchos problemas.
El segundo elemento clave son los permisos que solicita la aplicación. Una app debe pedir únicamente lo imprescindible para funcionar. Si una linterna quiere acceder a tu ubicación y a tu agenda, o un juego sencillo pide permiso para leer tus SMS y tu micrófono, algo no cuadra. Los permisos excesivos son siempre una bandera roja.
También recomienda fijarse en el número de descargas y las reseñas, pero con cautela. El FBI recuerda que los comentarios pueden ser manipulados, así que es mejor leer con detalle las opiniones negativas y detectar patrones repetidos de problemas de privacidad, cargos extraños o comportamientos raros tras instalar la app.
Otro aspecto importante es la política de privacidad. Aunque dé pereza, merece la pena leer al menos las partes donde se explica qué datos se recogen, con qué finalidad y dónde se almacenan. Si la política es confusa, contradictoria o directamente inexistente, mejor buscar una alternativa más clara y honesta.
Por último, se menciona la frecuencia y la naturaleza de las actualizaciones. Actualizaciones constantes sin explicación detallada de los cambios pueden ser un aviso de que se están introduciendo nuevas funciones de recopilación de datos o módulos adicionales que no se describen de forma transparente.
Dónde se almacenan tus datos y por qué importa
El lugar donde terminan los datos que genera una app no es un detalle menor. El FBI señala que muchas aplicaciones afirman almacenar la información en servidores ubicados en China u otros países con legislaciones muy intrusivas. Esa información puede permanecer allí tanto tiempo como el desarrollador considere “necesario”, sin un límite claro ni garantías de eliminación segura.
Algunas aplicaciones ofrecen la opción de ejecutar el software de forma local, descargando una versión que funciona directamente en el dispositivo sin necesidad de conectarse constantemente a la nube. El FBI considera esta opción preferible cuando está disponible, porque reduce la cantidad de datos que salen de tu móvil hacia servidores remotos.
Sin embargo, otras plataformas no permiten usar la app si no aceptas compartir datos con la nube. En estos casos, el usuario se ve obligado a ceder información personal como condición para acceder al servicio, lo que multiplica la exposición, especialmente si los servidores están en países donde el gobierno puede acceder a esa información casi sin restricciones.
La combinación de políticas de privacidad vagas, almacenamiento en países con legislaciones agresivas y un modelo de negocio basado en datos hace que, como reconoce el FBI, sea extremadamente difícil para el usuario medio saber dónde acaban realmente sus datos y quién puede llegar a verlos.
Android vs iOS: quién está más expuesto
El FBI aclara que el problema afecta tanto a Android como a iOS, aunque de formas ligeramente distintas. El ecosistema de Apple es más cerrado, con un control más estricto sobre lo que entra en la App Store, pero eso no significa que sea invulnerable. Las apps pueden seguir solicitando permisos amplios y recopilar datos bajo políticas de privacidad enrevesadas.
En Android, el riesgo se incrementa sobre todo cuando el usuario instala aplicaciones fuera de Google Play. La posibilidad de descargar APK desde cualquier web facilita la distribución de versiones modificadas con malware integrado, puertas traseras o módulos de espionaje. Incluso así, el FBI reconoce que en la propia tienda oficial se han detectado aplicaciones maliciosas que lograron colarse en los filtros.
En ambos sistemas, el verdadero factor diferencial es el comportamiento del usuario. Cuantas más apps instales sin revisar permisos ni procedencia, mayor será la superficie de ataque y la probabilidad de acabar con software espía en el bolsillo, da igual que el logo del móvil tenga una manzana o el robot verde.
La agencia insiste en que la seguridad ya no depende solo del sistema operativo, sino también de las decisiones cotidianas al instalar y usar aplicaciones. Un móvil puede tener el mejor cifrado del mundo y, aun así, quedar totalmente expuesto si llenas el dispositivo de apps que lo saben todo de ti y no tienen reparos en compartirlo.
Cómo reducir al máximo los riesgos al usar apps
Partiendo de las advertencias del FBI, hay una serie de buenas prácticas que cualquier usuario puede aplicar para blindar un poco más su vida digital sin necesidad de ser experto en ciberseguridad:
- Instalar solo desde tiendas oficiales (Google Play, App Store) y evitar descargas de APK desde webs desconocidas.
- Revisar y limitar los permisos de cada app, especialmente acceso a contactos, cámara, micrófono, SMS y ubicación.
- Desinstalar aplicaciones que no uses o no recuerdes haber instalado, reduciendo así el número de potenciales puertas de entrada.
- Comprobar regularmente el consumo de batería y datos para detectar comportamientos anómalos.
- Mantener el sistema operativo y las apps actualizadas para corregir vulnerabilidades conocidas.
- Evitar apps que obliguen a subirlo todo a la nube sin alternativa local, especialmente si no está claro dónde se almacenan los datos.
- Desconfiar de las aplicaciones que regalan demasiado a cambio de invitar a amigos o dar acceso a la agenda.
Todo apunta a que tendremos que acostumbrarnos a ser mucho más selectivos. En un entorno donde el móvil concentra nuestra vida personal, profesional y financiera, tratar cada nueva app como un posible riesgo y no como un simple juguete es la forma más sensata de moverse.
La advertencia del FBI, por dura que suene, no busca que dejemos de usar el smartphone, sino que tomemos conciencia de lo fácil que es hoy que nuestros datos acaben en manos de terceros sin que nos demos ni cuenta. Elegir mejor qué instalamos, leer lo que aceptamos y vigilar las señales de alarma del dispositivo se ha convertido en una parte más de cuidar nuestra seguridad, igual que cerrar la puerta de casa o no dar el PIN de la tarjeta a cualquiera.














