- Internet es una red mundial de redes que usa protocolos comunes como TCP/IP para que millones de dispositivos intercambien datos.
- La conexión se realiza a través de un ISP y un router que gestionan la red local, asignan IPs y enrutan los paquetes hacia su destino.
- Servicios como la Web, el correo, la telefonía IP o el streaming se apoyan en servidores, dominios, DNS y protocolos como HTTP y HTTPS.
- La red ha transformado la economía y la sociedad, pero también plantea retos de privacidad, seguridad, censura y brecha digital.

Hoy vivimos pegados a Internet para casi todo: trabajar, estudiar, hablar con amigos, comprar, ver pelis o simplemente matar el rato con el móvil. Pero aunque lo usamos a todas horas, mucha gente no sabría explicar con claridad qué es exactamente esa “red de redes” ni qué ocurre por dentro cuando mandas un WhatsApp o abres una web.
Entender cómo funciona Internet no es solo cosa de frikis. Nos ayuda a comprender mejor la tecnología que nos rodea, a navegar con más seguridad, a dimensionar su impacto social y hasta a imaginar por dónde irán los tiros en el futuro: inteligencia artificial, Internet de las cosas, redes 5G, fibra cada vez más rápida, etc. Vamos a verlo con calma y en castellano “de la calle”, pero sin perder el rigor técnico.
¿Qué es exactamente Internet?
Cuando hablamos de Internet nos referimos a una red informática mundial formada por millones de ordenadores, móviles, servidores y otros dispositivos conectados entre sí. No es una única máquina gigante, sino un enorme conjunto de redes más pequeñas que se comunican gracias a unas normas comunes.
La palabra procede de “interconnected networks” (redes interconectadas). En la práctica, Internet es la infraestructura que permite que circulen datos de todo tipo: texto, imágenes, audio, vídeo, videojuegos online, llamadas de voz, videollamadas, ficheros, etc. Esa infraestructura incluye cables de cobre, fibra óptica, antenas de telefonía móvil, satélites, routers, centros de datos y un largo etcétera.
Es importante distinguir entre Internet y la Web (WWW). Internet es la red física y lógica; la Web es solo uno de los servicios que viajan por ella y que usamos mediante el navegador (Chrome, Firefox, Edge…). Además de la Web existen el correo electrónico, FTP, mensajería instantánea, telefonía IP, redes P2P, streaming, videojuegos online, redes sociales y un sinfín de servicios más.
Desde el punto de vista social, Internet se ha convertido en un pilar básico de la vida moderna. Ha cambiado la forma en que trabajamos, nos informamos, consumimos ocio, estudiamos o incluso hacemos activismo político. También ha generado problemas y debates: privacidad, cibercrimen, censura, brecha digital, adicciones, desinformación, etc.
Un poco de historia: de ARPANET al Internet actual
Internet no lo inventó una sola persona en un momento concreto. Surgió a partir de muchos proyectos de investigación y decisiones técnicas que se fueron encadenando desde los años 60 del siglo XX, principalmente en Estados Unidos y Europa.
En los 60, el Departamento de Defensa de EE. UU., a través de la agencia ARPA (hoy DARPA), empezó a financiar investigaciones para conectar ordenadores de forma eficiente. Mantener superordenadores aislados en cada laboratorio era caro y desaprovechaba recursos. De ahí nació la idea de que varias instituciones compartieran máquinas y datos a través de una red común.
El verdadero punto de partida fue ARPANET, una red experimental financiada por ARPA que enlazaba universidades y centros de investigación. El 21 de noviembre de 1969 se estableció el primer enlace entre la UCLA y Stanford usando la red telefónica. No se creó solo para sobrevivir a una guerra nuclear, como dice el mito, sino también para aprovechar mejor los recursos informáticos y experimentar con nuevas formas de comunicación.
En paralelo, investigadores como Leonard Kleinrock sentaron las bases teóricas de la conmutación de paquetes, la técnica clave que usa Internet para transportar datos. En 1965, se conectaron por primera vez dos ordenadores lejanos (un TX2 en Massachusetts y un Q-32 en California) mediante una línea telefónica conmutada, creando una de las primeras redes de área amplia.
Durante los 70 y principios de los 80, ARPANET fue creciendo e incorporando otras redes académicas y gubernamentales. En 1972 se hizo la primera demostración pública de la red, lo que impulsó proyectos para interconectar redes distintas entre sí. De esa filosofía de “red de redes” y de la necesidad de protocolos comunes nació el nombre “Internet”.
El 1 de enero de 1983 se produjo un hito: ARPANET cambió su protocolo interno a TCP/IP, que se convirtió en el estándar de facto para interconectar redes. Ese mismo año se consolidaron organismos como la IANA para gestionar identificadores (direcciones IP, puertos, etc.).
En 1986, la National Science Foundation (NSF) impulsó NSFNET, una red troncal que se convirtió en el “esqueleto” principal de Internet en Estados Unidos. En Europa surgieron otras redes troncales públicas y privadas que, conectadas entre sí, formaron el backbone global.
A finales de los 80 ocurrió otra revolución: en el CERN de Ginebra, Tim Berners‑Lee ideó el lenguaje HTML, el protocolo HTTP y el concepto de World Wide Web. Entre 1989 y 1990 se creó el primer servidor web y el primer navegador (WorldWideWeb, luego Nexus). De golpe, se facilitaron muchísimo la publicación y la consulta de documentos hipermedia.
En 1993 apareció Mosaic, el primer navegador popular que mostraba texto e imágenes integrados. Gracias a él, el tráfico de Internet se multiplicó por diez en un año. En 1995 se apagó el backbone original de NSFNET y el tráfico empezó a circular por múltiples redes troncales comerciales interconectadas.
Desde entonces el crecimiento ha sido brutal: en 2006 se estimaban ya más de 1100 millones de usuarios. Hoy se habla de varios miles de millones de personas conectadas, con porcentajes muy altos de penetración en los países desarrollados y un crecimiento rápido en los países en desarrollo, sobre todo gracias a la banda ancha móvil.
Cómo está organizada la “red de redes”
Internet está montada como un enorme puzzle de redes autónomas que se conectan voluntariamente. No hay un mando central que controle todo. Lo que sí existe es un conjunto de normas técnicas y organismos de coordinación que hacen que todo encaje.
En la parte más alta de la jerarquía están las llamadas redes de nivel 1 (Tier 1): grandes operadores de telecomunicaciones globales que se conectan directamente entre sí mediante acuerdos de interconexión. Por debajo se sitúan redes de nivel 2 (operadores nacionales o regionales) y de nivel 3 (ISP locales) que compran capacidad a los superiores y, a veces, se interconectan entre sí.
Tu proveedor de servicios de Internet (ISP) —Movistar, Orange, Vodafone, Jazztel, etc.— forma parte de esta estructura. Su red recoge tu tráfico y lo envía hacia otros ISP y redes troncales hasta llegar al destino. Para optimizar costes y rendimiento existen puntos neutros o IXP, donde se cruzan múltiples redes y se intercambia tráfico de forma eficiente.
Al margen de esta jerarquía comercial, existen redes académicas y de investigación como GEANT, Internet2, JANET o redes nacionales de I+D. También hay redes privadas de empresas y organismos públicos que, en muchos casos, se conectan a Internet pero mantienen partes internas aisladas por motivos de seguridad.
No todo está conectado: hay redes completamente cerradas, sistemas militares, infraestructuras críticas o intranets corporativas que no son accesibles desde la red pública. Y la propia Internet puede sufrir cortes parciales cuando se rompen cables submarinos o terrestres, cuando un país sufre un apagón eléctrico o cuando un gobierno decide bloquear el acceso.
Protocolos clave: TCP/IP, DNS, HTTP, HTTPS y compañía
Para que tantos dispositivos distintos puedan entenderse, Internet se apoya en una familia de protocolos estándar, cada uno con su función. Los más importantes son:
TCP/IP es la base de todo. IP (Internet Protocol) se encarga de enrutar los paquetes de datos desde el origen al destino usando direcciones numéricas únicas llamadas direcciones IP. TCP (Transmission Control Protocol) se sienta encima de IP y se ocupa de dividir los datos en paquetes, numerarlos, detectar errores y volver a montarlos en el orden correcto cuando llegan.
Cada dispositivo conectado tiene una dirección IP pública (visible en Internet) y normalmente una o varias direcciones IP privadas dentro de la red local (del tipo 192.168.1.x). Gracias a estas “matrículas” únicas se pueden identificar y localizar los equipos en la red, igual que una dirección postal permite entregar una carta en tu casa.
Las IP clásicas siguen el estándar IPv4, con 32 bits (cuatro números entre 0 y 255 separados por puntos). Eso permite algo más de 4.000 millones de direcciones posibles. Con tantos dispositivos conectados (PCs, móviles, tablets, cámaras, bombillas, sensores…) ese espacio se ha quedado corto. La solución es IPv6, con 128 bits y una cantidad astronómica de direcciones disponibles. IPv4 e IPv6 conviven y muchos equipos soportan ambas versiones.
Además de la IP, cada dispositivo tiene una dirección MAC grabada en su tarjeta de red. Es un identificador físico único, gestionado por el IEEE, que no cambia (salvo que se fuerce). La IP puede variar, la MAC no. En redes locales es muy útil para control de acceso y para algunas funciones de gestión.
Otro protocolo fundamental es el DNS (Domain Name System). Memorizar números tipo 150.214.90.20 sería un suplicio, así que usamos nombres de dominio como www.ejemplo.com. El DNS actúa como una agenda telefónica gigantesca: traduce nombres legibles a IP numéricas. Cuando escribes una URL en el navegador, tu equipo pregunta a un servidor DNS qué IP corresponde a ese dominio, y con esa dirección se establece la conexión.
La ruta completa que tecleas en la barra del navegador es la URL (Uniform Resource Locator), que indica el protocolo, el dominio y, opcionalmente, la ruta interna del recurso. Por ejemplo: https://www.areaciencias.com/tema/pagina.html.
Para páginas web se usan los protocolos HTTP y HTTPS (Hypertext Transfer Protocol). HTTP define cómo el navegador pide recursos a un servidor y cómo este responde. HTTPS es la versión segura que cifra el tráfico entre el navegador y el servidor mediante TLS, protegiendo contraseñas, datos personales y demás información sensible frente a espías.
Otros protocolos importantes son FTP (File Transfer Protocol) para subir y bajar archivos, DHCP para asignar automáticamente IPs dentro de una red, SMTP/IMAP/POP3 para correo electrónico, VoIP (voz sobre IP) para telefonía por Internet o CDN (Content Delivery Network) como capa de distribución que acerca el contenido a los usuarios desde servidores repartidos por el mundo.
Cómo se conectan los dispositivos: ISP, router, WiFi y redes móviles
Para “engancharte” a Internet necesitas un intermediario: el ISP o proveedor de acceso. Puede ser una operadora de telecomunicaciones, un cableoperador, una compañía eléctrica que ofrece conectividad, etc. Tú contratas una línea con ellos (fibra, ADSL, cable, 4G/5G…) y ellos te dan salida a la red global.
Cuando te das de alta, el ISP te asigna una dirección IP pública (o te la proporciona de forma dinámica mediante DHCP cada vez que te conectas). Esa IP será la identificación de tu conexión en el exterior. Como no hay IPs suficientes para dar una fija a cada dispositivo de cada cliente, se usa traducción de direcciones (NAT) en el router para que muchos dispositivos de casa compartan una sola IP pública.
En tu domicilio u oficina el protagonista es el router. Este aparato se encarga de:
- Conectarse físicamente al ISP (a través del cable de fibra, cobre, coaxial o de la ONT en el caso de FTTH).
- Generar y gestionar la red local (LAN), tanto por cable Ethernet como por WiFi.
- Asignar IP privadas a tus dispositivos mediante DHCP.
- Hacer de puerta de enlace entre tu red interna e Internet, aplicando NAT y decisiones de enrutamiento.
- Implementar ciertas funciones de seguridad (cortafuegos básico, filtrado, etc.).
En la actualidad los routers domésticos sustituyen a los viejos módems, que solo convertían señales digitales en analógicas para la red telefónica. Ahora el router integra esas funciones y añade mucha más inteligencia de gestión de tráfico y enrutamiento.
Si te conectas desde el móvil usando datos, en lugar de un router doméstico utilizas la red de telefonía móvil. Tu teléfono se comunica con la antena más cercana (4G o 5G), que a su vez conecta con la red de la operadora y, desde ahí, con el resto de Internet. Técnicamente el mecanismo de enrutamiento de paquetes es similar, pero el medio físico cambia: ondas de radio en lugar de cables.
La velocidad de tu conexión se mide normalmente en Mbps (megabits por segundo) o Gbps. Se suele distinguir entre:
- Velocidad de bajada: rapidez con la que recibes datos desde Internet (descargas, vídeo en streaming, navegación).
- Velocidad de subida: rapidez con la que envías datos (subir archivos, videollamadas, streaming en directo, envío por FTP, etc.).
Históricamente hemos pasado de conexiones telefónicas RDSI de 56 Kbps a ADSL de unos pocos megas, luego a fibra con centenares de megas o incluso más de 1 Gbps en entornos domésticos. En paralelo se han usado soluciones de cable, PLC sobre la red eléctrica, enlaces inalámbricos fijos y, ahora, tecnologías como Li‑Fi (transmisión de datos mediante luz) aún en fase de desarrollo.
Direcciones IP, clases y el papel de TCP en el envío de datos
Una dirección IP clásica (IPv4) se escribe como cuatro números separados por puntos, cada uno entre 0 y 255. Por ejemplo, 150.214.90.20. Tradicionalmente se hablaba de “clases” (A, B, C…) para describir cómo se repartían los bits entre identificación de red y de host, aunque hoy en día el direccionamiento es más flexible (CIDR).
La IP funciona como la dirección postal de tu ordenador dentro de la red. Igual que no puede haber dos casas distintas con la misma combinación de calle, número, código postal, ciudad y país, en Internet no puede haber dos dispositivos que, al mismo tiempo, usen la misma IP pública en el mismo ámbito de enrutamiento. De lo contrario, los routers no sabrían a dónde enviar los paquetes.
Cuando envías datos (por ejemplo, una página web), el protocolo TCP los trocea en pequeños paquetes. A cada uno le añade una cabecera con información importante: número de secuencia, puertos de origen y destino, comprobaciones de integridad, etc. Esos paquetes van “metidos” en sobres IP con las direcciones de origen y destino.
Por el camino, los routers que van encontrando el tráfico miran la dirección IP de destino y consultan sus tablas de enrutamiento para decidir por qué interfaz deben enviarlo a continuación. Puede que un paquete vaya por una ruta y otro por una diferente; no necesariamente siguen el mismo camino físico.
Al llegar al destino, la pila TCP/IP del receptor comprueba la integridad de cada paquete usando sumas de comprobación. Si ve que falta alguno o alguno llega corrupto, pide su reenvío. Cuando ya tiene todos los fragmentos correctos, los reordena según sus números de secuencia y recompone el mensaje original.
Gracias a este mecanismo, el protocolo TCP proporciona una comunicación fiable sobre un medio que, por naturaleza, no lo es. IP no garantiza que los paquetes lleguen ni que lo hagan en orden; TCP se encarga de corregir esas limitaciones.
Servidores, páginas web, dominios y hosting
En Internet no solo hay ordenadores personales; también existen servidores. Son máquinas —físicas o virtuales— que permanecen encendidas y conectadas 24/7 para ofrecer servicios a otros: páginas web, correo electrónico, bases de datos, almacenamiento, videojuegos online, etc.
En lugar de identificarse de cara al público por su IP numérica, los servidores suelen hacerlo mediante nombres de dominio (ejemplo.com, midominio.es, etc.) más fáciles de recordar. La extensión final (.com, .es, .org, .net, .gob, etc.) indica el tipo de organización o el país. Últimamente se han popularizado los dominios TLD “temáticos” como .juegos, .bar, .tecnologia, etc., que ayudan a describir el contenido de la web.
Las páginas web son archivos escritos en HTML (HyperText Markup Language), a menudo combinados con CSS, JavaScript y otros lenguajes del lado del servidor como PHP. Esos archivos se alojan en un servidor web o host, y el espacio contratado se denomina hosting. En un mismo servidor pueden convivir muchas webs diferentes pertenecientes a clientes distintos.
Para “colgar” una web en Internet se crea el sitio en un ordenador local y, una vez listo, se suben todos los archivos al servidor mediante un programa FTP (como FileZilla o similares). Cuando se quiere actualizar algo, se modifican los archivos y se vuelven a subir, sobrescribiendo a los anteriores. El servidor, a través de software como Apache o Nginx, se encarga de servir esos archivos a los navegadores que los solicitan.
El acceso se hace mediante un navegador web. Cuando escribes https://www.midominio.com, el navegador traduce el nombre a una IP vía DNS, abre una conexión TCP con el servidor en el puerto 443 (para HTTPS), negocia el cifrado y solicita la página usando el protocolo HTTP. Recibe el código HTML, lo interpreta y lo pinta en pantalla de forma visual, de manera que tú no tienes que ver ni entender el código fuente.
Para acelerar la carga de contenidos en distintas regiones del mundo se usan las ya mencionadas CDN. Básicamente, replican copias de los archivos estáticos (imágenes, scripts, etc.) en muchos servidores repartidos por el planeta. Así, cuando pides una web, gran parte del contenido se sirve desde un servidor cercano a tu ubicación, reduciendo la latencia y mejorando la experiencia.
Principales servicios que ofrece Internet
Sobre esta infraestructura se han construido un montón de servicios que utilizamos a diario. Algunos de los más importantes son:
- World Wide Web: conjunto de páginas y aplicaciones accesibles por navegador mediante HTTP/HTTPS. Permite publicar documentos enriquecidos con texto, imágenes, vídeo, sonido, formularios interactivos, etc.
- Correo electrónico: usa direcciones del tipo usuario@proveedor.com. Permite enviar y recibir mensajes y adjuntos mediante protocolos como SMTP, POP3 e IMAP.
- FTP y otros sistemas de transferencia de archivos: pensados para mover grandes volúmenes de datos entre máquinas, subir webs, distribuir software, etc.
- Telefonía IP (VoIP): llamadas de voz y videollamadas a través de Internet. Ejemplos: Skype, WhatsApp, FaceTime, sistemas de videoconferencia corporativos.
- Redes P2P: intercambio directo de archivos entre usuarios (peer to peer). Durante años servicios como eMule o Ares fueron muy populares; hoy en día parte de ese rol lo cubren plataformas de streaming y almacenamiento en la nube.
A esto hay que añadir redes sociales (Facebook, X/Twitter, Instagram, TikTok, LinkedIn…), mensajería instantánea (WhatsApp, Telegram, Signal), foros de discusión, plataformas de streaming (Netflix, Spotify, Twitch, YouTube), juegos online, servicios en la nube (Google Drive, Dropbox, AWS, Azure, etc.) y un largo etcétera.
En educación y trabajo colaborativo, Internet ha permitido el auge de la formación online, las aulas virtuales y las herramientas de colaboración (Google Docs, Microsoft 365, Slack, Teams…). Varios usuarios pueden editar documentos simultáneamente, reunirse por videollamada, compartir pantallas y coordinar proyectos sin estar físicamente en el mismo sitio.
Gobernanza de Internet y organismos implicados
Aunque no hay un “presidente de Internet”, sí existen organismos que coordinan aspectos técnicos y de gestión. Los más relevantes son:
El IETF (Internet Engineering Task Force) desarrolla y mantiene los estándares técnicos (los famosos RFC) que definen protocolos como TCP, IP, HTTP, DNS, etc. Cualquiera puede participar aportando conocimiento técnico; es una comunidad abierta.
La ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) coordina la asignación de nombres de dominio y bloques de direcciones IP. Supervisa el sistema de nombres de dominio (DNS) a alto nivel y delega la gestión de extensiones (.com, .org, .es…) en entidades específicas.
Las direcciones IP se reparten a través de los Registros Regionales de Internet (RIR): AfriNIC (África), ARIN (Norteamérica), APNIC (Asia-Pacífico), LACNIC (Latinoamérica y Caribe) y RIPE NCC (Europa, parte de Asia Central y Oriente Medio). Estos, a su vez, asignan bloques más pequeños a ISP y organizaciones.
También juegan un papel importante la Internet Society (ISOC), que promueve el desarrollo abierto y accesible de Internet, y el Foro para la Gobernanza de Internet (IGF), creado bajo el paraguas de la ONU para debatir cuestiones de políticas públicas relacionadas con la red: derechos humanos, ciberseguridad, neutralidad de la red, brecha digital, etc.
Búsqueda de información, idiomas y tamaño de la Red
La inmensa mayoría de usuarios accede a la información a través de motores de búsqueda como Google, Bing, Yahoo, Baidu o Yandex. Estos sistemas rastrean la Web con robots (spiders), indexan el contenido y, cuando introduces una consulta, devuelven las páginas que consideran más relevantes según sus algoritmos.
Podemos distinguir entre:
- Directorios: catálogos organizados por temas, con selección humana (hoy en día casi residuales).
- Motores de búsqueda generalistas: los más habituales, basados en indexación automática mediante robots.
- Metabuscadores: no tienen índice propio; lanzan la consulta a varios motores y combinan los resultados.
Es clave entender que los buscadores ordenan los resultados según criterios definidos por empresas privadas: popularidad, autoridad, relevancia semántica, comportamiento de los usuarios, enlaces entrantes, etc. Muchas veces los primeros puestos incluyen anuncios pagados. Por eso es importante desarrollar espíritu crítico, enseñar a niños y jóvenes a evaluar fuentes y no dar por válido lo primero que aparece.
En cuanto a idiomas, el inglés ha sido históricamente la lengua predominante en Internet, en parte por el origen de la red y en parte por su papel de lengua franca. Sin embargo, el crecimiento de países como China, España y Latinoamérica, o el mundo árabe, ha diversificado bastante el panorama: chino, español, portugués, japonés, ruso, francés, alemán y otros idiomas tienen una presencia muy fuerte.
Medir el tamaño exacto de Internet es prácticamente imposible. Se calcula el volumen aproximado de la web indexada, pero además existe una enorme “Internet profunda” que incluye páginas no rastreables por buscadores (contenido tras login, intranets, bases de datos dinámicas, contenido generado bajo demanda, etc.). A eso se suma la llamada “darknet”, redes superpuestas como Tor que buscan anonimato y no son fácilmente rastreables.
Impacto social, usos, riesgos y censura
Internet ha tenido un impacto brutal en la economía, la cultura, la política y las relaciones personales. Ha facilitado el teletrabajo, el comercio electrónico, el entretenimiento bajo demanda, el acceso a la educación y la colaboración científica global. Ha dado voz a movimientos sociales y ha permitido nuevas formas de participación ciudadana.
Al mismo tiempo, plantea desafíos importantes: cibercrimen, acoso online, difusión de discursos de odio, noticias falsas, dependencia de unas pocas plataformas dominantes, vigilancia masiva, pérdida de privacidad y manipulación algorítmica de la información que vemos.
El comportamiento de las personas en Internet no siempre coincide con el cara a cara. Psicólogos como John Suler han descrito el “efecto de desinhibición online”: el anonimato relativo, la falta de contacto físico, la asincronía y la sensación de estar “en otro mundo” hacen que muchos usuarios se expresen con más agresividad, divulguen intimidades o asuman riesgos que no tomarían en persona.
En el plano delictivo, los ciberdelitos se han disparado en la última década: estafas, suplantaciones de identidad (phishing), distribución de malware, sextorsión, ataques de denegación de servicio (DDoS), intrusiones en sistemas, etc. Perseguir a los autores no siempre es sencillo por el carácter distribuido y transnacional de la red.
La censura es otro tema delicado. Algunos gobiernos han intentado controlar o limitar el acceso bloqueando webs, filtrando resultados de búsqueda, espiando comunicaciones o incluso desconectando partes de su país de Internet. China, Irán o Corea del Norte son ejemplos extremos, pero muchos otros estados aplican restricciones más sutiles. Aun así, existen herramientas técnicas —cifrado, VPN, redes como Tor— y movilizaciones sociales que tratan de defender la libertad de expresión y sortear bloqueos.
En el lado positivo, Internet también ha impulsado proyectos de software libre y conocimiento abierto como GNU, Linux, Mozilla Firefox, Apache OpenOffice o Wikipedia, demostrando que la colaboración voluntaria a escala global puede crear infraestructuras y contenidos de enorme calidad sin depender de una única empresa.
Internet sigue creciendo en número de usuarios, volumen de datos y ancho de banda disponible. Aumenta la penetración de banda ancha móvil incluso en regiones en desarrollo, lo que reduce en parte la brecha digital, aunque aún queda mucho camino por recorrer para que el acceso sea realmente universal, asequible y de calidad.
En conjunto, Internet es una red global compleja, dinámica y en constante evolución, en la que conviven innovación tecnológica, oportunidades de desarrollo personal y colectivo, intereses económicos gigantescos, conflictos geopolíticos y debates éticos. Entender cómo funciona por dentro nos ayuda a usarla con más cabeza, exigir derechos digitales y participar de forma más consciente en este ecosistema que, nos guste o no, se ha convertido en el tejido básico de la sociedad conectada.











